La historia cuenta que en el municipio de Nemocón existió un árbol de caucho Sabanero en el que un día soleado, el Cacique Nemequene se sentó a descansar luego de un arduo día de trabajo.

Al quedarse dormido, comenzó a soñar con un grupo de hombres blancos con barbas y armadura que llegaban del norte hacia su tribu. Estos hombres viajaban sobre unas bestias grandes y su intención era robar todos los tesoros que habían sido recogidos, durante años, gracias al trueque con la sal.

Luego de tal espantoso sueño, el Cacique le pidió a su tribu que guardara sus tesoros en un cerro del pueblo llamado el santuario. Años después, lo que se consideraba como una simple pesadilla, se hizo realidad. A Nemocón llegaban los conquistadores encabezados por Gonzalo Jiménez de Quesada, quien llegó a Colombia en el año de 1537 atravesando el mar atlántico y la cuenca del río Magdalena.

Inicialmente, el viaje de Jiménez de Quesada era con el fin de hallar la leyenda de El Dorado o la Ciudad de Oro, pertenecientes a los Incas, sin embargo, al llegar al interior de nuestro país, estos conquistadores descubrieron que la tribu que habitaba el centro del país hacía un intercambio comercial donde por unos panes blancos de sal les entregaban piezas de oro tejidos y piedras preciosas.

Motivados su ambición y en búsqueda de entender qué era más importante para los indígenas que el mismo metal dorado, cambiaron su destino en búsqueda de los ambientes salinos de los pueblos indígenas de Nemocón y Zipaquirá, localizados en el centro de la sabana de Bogotá, lugar al que Gonzalo Jiménez de Quesada llamaría más adelante “EL VALLE DE LOS ALCAZARES.”

Si quieres conocer el lugar donde el cacique Nemequene visualizó las conquistas españolas, visita la Mina de Sal de Nemocón, ubicada en la calle 2 #00-05, allí descubrirás más acerca del Árbol de los Sueños.